Expediciones

Mi Aventura en el Ártico: Orcas, Auroras Boreales y Buenas Risas

orcas y auroras boreales en el artico

Viajar al Ártico para ver orcas y auroras boreales era un sueño que llevaba tiempo persiguiendo. Todo empezó en el coche, rumbo al norte, con un grupo de diez personas y una semana por delante. El plan era sencillo: salir al mar tantas veces como fuera posible e intentar ver orcas, y si había suerte, nadar junto a ellas. Esta expedición fue organizada por Ojo de Nómada.

El Viaje Comienza

Solo el trayecto ya era una pasada. Las vistas durante el camino eran espectaculares: montañas, fiordos y paisajes que no ves todos los días en el Ártico. Cuando llegamos, nos encontramos con un pequeño pueblo junto al mar, muy tranquilo y con ese ambiente de lugar remoto, perfecto para este tipo de expediciones.

Nos dividimos en dos casas, formando los grupos que saldrían cada día. La primera noche fue de risas, presentaciones y hasta celebramos el cumpleaños de algunos. Se notaba la emoción y las ganas de empezar esta aventura en el Ártico.

Primer Día en el Agua

El primer día nos levantamos a las seis de la mañana. Salimos a hacer fotos, desayunamos rápido y nos pusimos los trajes secos. Para muchos era la primera vez con este tipo de traje, así que había nervios y mucha curiosidad.

En el centro de buceo nos explicaron todo lo necesario y, antes de salir, nos recordaron la importancia de respetar la vida marina y no interferir nunca en el comportamiento natural de las orcas ni de ningún otro animal. Después de preparar cámaras y equipos, nos subimos a la zodiac. Éramos los diez del grupo y el capitán, listos para buscar orcas. Durante el trayecto vimos barcos de pesca y, a lo lejos, ya se veían orcas y hasta alguna ballena jorobada saltando.

Ese día pudimos meternos varias veces al agua y, nada más empezar, ya teníamos orcas cerca. Tuvimos muchísima suerte. Siempre mantuvimos la distancia recomendada y seguimos todas las indicaciones para no causarles estrés ni alterar su entorno. La emoción era tanta que terminamos inventando una canción que se convirtió en el himno del viaje. El grupo estaba feliz y todos coincidimos en que, si así empezaba, lo que venía iba a ser aún mejor.

Después de volver, comimos pizzas y ensaladas (y alguno se pasó con las chucherías del súper, no voy a mentir). Por la tarde más risas, pastel por más cumpleaños, y al anochecer, salimos a buscar auroras boreales. Así fue la rutina: madrugar, mar, comer, descansar y auroras boreales en el Ártico.

La Sorpresa de la Nieve

Elegimos finales de octubre por la climatología: más horas de luz, menos frío y, en teoría, sin nieve. Pero el Ártico siempre sorprende. La segunda noche nevó muchísimo y al despertar todo el pueblo estaba cubierto de blanco. El paisaje era impresionante, de postal total. Nadie se lo esperaba y todos salimos a hacer fotos y a disfrutar del momento.

El Día Más Intenso

El tercer día pintaba flojo desde el principio: el mar no estaba en su mejor momento y tuvimos que retrasar la salida. Salimos más tarde de lo habitual, pensando que sería un día corto y sin mucho movimiento. Pero el mar siempre sorprende. Apenas llevábamos quince minutos fuera del puerto cuando nos encontramos rodeados de bolas de arenques y un montón de orcas alimentándose.

Era justo lo que siempre había soñado: ver orcas cazando arenques en grupo. Más de treinta orcas juntas, moviéndose y cazando, una experiencia brutal. En todo momento, fuimos muy conscientes de que éramos meros observadores y que nuestro papel era no interferir en la naturaleza. Ver a estos animales en libertad, en su hábitat, te hace valorar aún más la importancia de proteger el Ártico y la vida marina.

Tanto me marcó ese momento que, como había prometido, me hice mi primer tatuaje: una orca, para recordar siempre lo vivido. Además, ese día vimos cómo una ballena jorobada se unía a la fiesta y arrasaba con la bola de arenques. Estar allí, en medio del Ártico, viendo todo eso, es algo que no se olvida.

Volvimos agotados, ese día ni salimos a buscar auroras boreales, pero fue uno de los días más felices que recuerdo en el mar.

Puedes ver este vídeo y más ftos en mi instagram: Rafa Fernandez

Días de Rutina y Nieve

El resto de la semana seguimos con el mismo plan: madrugar, salir al mar, buscar orcas y, si el tiempo lo permitía, auroras boreales por la noche. Cada día traía algo nuevo: más encuentros con orcas, alguna nevada inesperada y la sensación de estar en un sitio único. Incluso un día nos tocó nadar con orcas mientras nevaba, una imagen que no se me va a olvidar nunca.

Siempre tuvimos presente el respeto absoluto por la vida marina. Ver orcas y ballenas en libertad es un privilegio, y por eso es fundamental que todas las expediciones sigan buenas prácticas para no alterar su entorno ni poner en riesgo su bienestar.

El Último Día: Trineos y Risas

El último día decidimos tomárnoslo con calma antes de volver a casa. Aprovechamos para hacer actividades en tierra y, como había nevado tanto, acabamos tirándonos en trineo por las calles del pueblo. Fue una forma genial de cerrar la expedición: muchas risas, fotos y buen rollo con el grupo.

Por la tarde volvimos a la ciudad de origen para pasar la última noche y estar listos para el vuelo de regreso.

Resumen y Próximos Planes

Esta expedición al Ártico con Ojo de Nómada fue increíble. Cada día fue diferente y especial, y el grupo hizo que la experiencia fuera aún mejor. Ya estoy contando los días para volver con el equipo de Ojo de Nómada y repetir la aventura.

Si te gustaría saber más sobre las próximas expediciones en busca de orcas y auroras boreales, puedes hacer click aquí y ver todas mis próximas aventuras. Recuerda: observar la vida marina en libertad es un privilegio y una responsabilidad. ¡Ojalá nos veamos en la próxima!